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¿Por qué Real Madrid, Man. United y Chelsea despidieron a sus DT’s?

.¡Y con Xabi Alonso ya suman tres! En apenas 12 días, tres clubes ubicados entre el primero, cuarto y décimo del mundo en ingresos decidieron despedir a sus entrenadores. Cada uno llevaba 18 meses o menos en el cargo y había sido presentado como una promesa del banquillo al momento de su nombramiento. La palabra “sismo” se queda corta para describir lo ocurrido.

Puede que no sea un fenómeno completamente inédito, pero la coincidencia resulta imposible de ignorar. Enzo Maresca en el Chelsea, Rubén Amorim en el Manchester United y Xabi Alonso en el Real Madrid protagonizan historias distintas, aunque atravesadas por hilos comunes que revelan una transformación profunda en la forma de entender el liderazgo en los grandes clubes.

Más que resultados: un choque cultural en la élite

No se trata únicamente de que los tres sean excentrocampistas creativos, rondando los 40 años, con experiencias fuera de sus países de origen y una imagen cosmopolita que sedujo a las directivas. Los resultados deportivos, aunque relevantes, fueron solo una parte del problema.

La verdadera lección apunta a un choque cultural. Con razón o sin ella, estos clubes comenzaron a sentir que sus entrenadores no encajaban con el ADN ni con la marca que buscan proyectar. En términos corporativos, surgió la duda de si todos compartían la misma “Estrella Polar”, esa visión estratégica que hoy pesa tanto como los puntos en la tabla.

El viejo axioma de que los resultados garantizan continuidad parece haber quedado atrás. Puede discutirse si cada entrenador maximizó los recursos disponibles, pero resulta difícil sostener que los números, por sí solos, explican los despidos.

Aprobados en la cancha, reprobados en la percepción

Los datos son elocuentes. Maresca llevó al Chelsea del sexto al cuarto lugar en su primera temporada, ganó la UEFA Europa Conference League y el Mundial de Clubes, y dejó al equipo quinto en la Premier League al momento de su salida. Amorim tomó un Manchester United en el puesto 13, cerró la campaña 15º —aunque alcanzó la final de la Europa League— y se marchó con el club sexto. Xabi Alonso, por su parte, asumió un Real Madrid subcampeón, lo llevó a semifinales del Mundial de Clubes y se despidió con el equipo aún segundo en LaLiga.

No son campañas brillantes, pero sí aprobadas. Hasta hace poco, ese rendimiento habría bastado para garantizar continuidad, al menos hasta el verano. Despedir a un técnico a mitad de temporada es caro, complejo y disruptivo, no solo por las indemnizaciones, sino por la dificultad de encontrar reemplazos de primer nivel en plena competencia.

Sin embargo, los clubes optaron por soluciones internas y de bajo riesgo. El Manchester United recurrió a Michael Carrick, leyenda del club con experiencia mínima como entrenador principal. El Real Madrid ascendió a Álvaro Arbeloa, procedente del filial. El Chelsea apostó por Liam Rosenior, proveniente del Estrasburgo, club que pertenece al mismo grupo propietario (BlueCo). En los tres casos, perfiles funcionales, moldeables y fácilmente reemplazables.

El encaje lo es todo en el fútbol de 2026

Más allá de la táctica, el factor decisivo fue la desconexión personal y estratégica. En el Chelsea, Maresca habló de falta de apoyo, y tras su salida surgieron versiones sobre tensiones con los propietarios, los cinco directores deportivos y el área médica. El modelo del club, basado en captar jóvenes, desarrollarlos y venderlos, exige resultados inmediatos sin perder valor de mercado, una ecuación difícil de sostener semana tras semana.

En el Real Madrid, el problema fue distinto pero igual de profundo. El club contrató a un entrenador de “sistema” en una institución que históricamente ha triunfado con técnicos de gestión de vestuario como Zinedine Zidane, Carlo Ancelotti o José Mourinho. En un equipo lleno de superestrellas, el plan táctico suele ceder ante la improvisación del talento. Alonso lo entendía, pero también sabía que su identidad estaba ligada al modelo que lo llevó al éxito en el Bayer Leverkusen.

¿Habría cambiado algo si el Madrid hubiese vencido al Barcelona en la final de la Supercopa de España? Imposible saberlo. Como dijo Ancelotti alguna vez, el Real Madrid es el club “donde puedes ir ganando 4-0 y aun así recibir silbidos” si el juego no convence.

En el fútbol de élite de 2026, el ajuste importa, la vibra importa y la narrativa importa. No basta con cumplir objetivos mínimos en el campo: el entrenador debe alinearse con el modelo de negocio, la marca y la sensación emocional que el club quiere transmitir. Con razón o sin ella, las cúpulas percibieron negatividad e incomodidad. Y actuaron.

Por: MetroDeportesRD

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