La deuda de cerrar los partidos
El Barcelona tuvo su primera gran prueba de la temporada y no la superó: cayó en casa ante el PSG (1-2) con un gol en el minuto 90 por la UEFA Champions League. Más allá del resultado, quedó la sensación de haber sido superado tácticamente como pocas veces desde la llegada de Hansi Flick.
El equipo se ha ganado la etiqueta de confiable en las remontadas, pero también muestra su vulnerabilidad defensiva en los minutos finales. Ya son seis los partidos en los que cedió puntos decisivos, incluyendo la dolorosa eliminación ante el Inter de Milán en semifinales y varios tropiezos en LaLiga. La falta de concentración al cierre de los encuentros sigue siendo un fantasma recurrente en el proyecto de Flick.
El desafío físico ante los gigantes
El conjunto azulgrana ha demostrado que puede competir de igual a igual con equipos grandes como Real Madrid, Atlético o Bayern Múnich, pero cuando enfrenta a rivales de mayor intensidad, sus limitaciones físicas y de fondo de plantilla quedan expuestas.
La presión alta, sello de Flick, muchas veces se vuelve un arma de doble filo: el equipo termina agotado y sin capacidad de reacción. Las lesiones constantes, como las de Gavi, Raphinha y Fermín, agravan el panorama, y aunque Balde y Lamine Yamal regresaron, la plantilla sigue siendo corta para Europa. El propio técnico admitió tras la derrota ante PSG que “algunos jugadores estaban muy cansados”, reconociendo la necesidad de mayor rotación para sostener el ritmo continental.
La Pedri-dependencia y los ajustes defensivos
El Barça juega al ritmo de Pedri, y Flick lo sabe. Sin Gavi, el técnico carece de un relevo real para su mediocampista más creativo. Ni Marc Bernal, ni Casadó, ni Olmo logran replicar su conducción y pausa, lo que deja al canario con demasiada carga física.
En defensa, persisten las dudas. Eric García se ha convertido en comodín, mientras Cubarsí sufre al jugar a perfil cambiado. La línea adelantada deja expuestos a los laterales, y la ausencia de Raphinha reduce la presión colectiva. Sin Gavi, el llamado “corazón del equipo”, el bloque defensivo pierde intensidad, y la solidaridad táctica se diluye ante equipos de mayor ritmo.
Menos ego, más solidaridad
“El ego mata el éxito”, advirtió Flick tras el empate con Rayo Vallecano. Su mensaje fue claro: el Barcelona necesita más trabajo colectivo, sacrificio y compromiso sin balón. Ante rivales de menor nivel, el talento basta; pero para competir con los gigantes europeos, se requiere entrega total. Si Flick logra ajustar la defensa, equilibrar la carga de Pedri y fortalecer el bloque, el Barça puede recuperar su mística en la Champions League. Porque talento sobra, y la nueva joya Lamine Yamal puede ser la llave del resurgir culé.
Por: MetroDeportesRD
metrodeportesrd.com